Sunday, January 15, 2012

Porque gitana soy, ese pretexto doy....

Pues ya se han hecho la pregunta....yo sé.  Ya se preguntaron a si mismos, <<¿Mismo, cómo puede ser que esta mujer TAN rubia, TAN blanca, de ojos TAN azules hable español mejor que yo?>>  Pues queridos escuchas…..ay no, ¿cierto que no es un podcast? Bueno, ejem, queridos lectores, la respuesta ES……por haberme portado tan mal de chiquita.

Si leyeron la primera página de mi sitio de web, nuevamente estrenado, ya saben que mi mamá me vendió a los gitanos cuando tenía yo siete años. Resulta que ella me había amenazada con hacerlo varias veces y déjenme preguntarles, si ustedes viveron en Omaha, Nebraska criándose en la calle 7, con sus dos papás y una hermana mayor, ¿no preferirían ustedes ir a ver que onda con los gitanos?  A mí si me ocurrió la idea de que a lo mejor, una vida con gitanos sería algo más interesante que esa existencia aburrida que ya me chocaba.   Para asegurarme el castigo, empecé una serie de atrocidades infantiles que me gustaría mucho poder decirles que no se imaginan que tan feos- pero, en realidad, si ya son amigos míos saben- que soy traviesa pero no mala.

Descuidaba mi recamara. La dejé de ordenar y escondía en sus más escondidos rincones corazones de manzana, envoltorios de salchicha y una que otra ropa interior sucia de mi hermana mayor para que apestara de manera horrorosa. Jalaba la cola de perro en cada oportunidad, atropellaba a mi hermana sin que me insultara primero, (hasta se le cayó un diente de adulto cuando la atropellé en la iglesia) tiraba los cartuchos de 8 pistas de mi mamá en el inodoro (Olivia Newton John se mojó) y dejaba trenzada todo el maíz en la milpa de mi papá. Les cuento que no se imaginan la libertad que siente una niña haciendo travesuras y de forma decidida SABIENDO que iba a ser castigada.  Fue precisamente una verdadera catarsis.

Por fin llegó el día esperado, cuando mi mamá ya estaba harta.  Lo más difícil de todo esto fue fingir las lágrimas que me tocó exprimir para que no se sospechara mi triunfo. Durante la despedida, mantuve un trozo de cebolla en un bolsillo, y un alfiler en el otro, me cambiaba entre pasándome los dedos encebollados sobres los ojos, y dándome piquetes en las nalgas para provocar los gritos y la catarata de agua salada necesaria.

Al llegar a España, los gitanos me matricularon en la escuela casi inmediatamente. Hubiera sido antes pero no sabían como hacerlo.  Así que por los once años subsiguientes, hice mis estudios completamente en español. Pero entonces, ¿porque no tiene acento español?- se preguntan.  Pues acuérdense que pasé doce años en México, en la vida circense magnifica.  Y si hay alguien ahí queriendo perder su acento de la querida península ibérica, el método mío es mejor que cualquier otro. No hay igual, y no hay duda.

Sonrisas lacrimosas,

Su payasa fiel,
Karen

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